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Primeros estudios atmosféricos
Las primeras piezas de este puzzle llamado El Niño se obtuvieron de estudios atmosféricos. A principios del siglo XX, el matemático inglés Sir Gilbert Walker, director general de los observatorios meteorológicos de India, utilizó los datos meteorológicos existentes para realizar un importante avance en el campo de la ciencia atmosférica. En 1899, las lluvias monzónicas de las que dependía la agricultura en la India no se produjeron, lo que causó una hambruna devastadora. Cuando se le solicitó a Walker que encontrara un modo de pronosticar tales anomalías del tiempo, éste comenzó a analizar los datos existentes acerca de temperaturas, presiones atmosféricas y precipitaciones recopilados durante 40 años por una red mundial de estaciones meteorológicas. Walker observó una relación oscilante entre la presión atmosférica en la parte oriental del Pacífico Sur (al este de Tahití) y el Océano Índico (al oeste de Darwin, Australia), es decir, cuando la presión aumentaba en una región, normalmente disminuía en la otra y viceversa.
En un artículo de 1928 presentado a la Royal Meteorological Society, Walker denominó a este fenómeno oscilante "Oscilación del sur" (Southern Oscillation) e inventó un patrón de medida para medir las diferencias de presión entre las dos regiones. Observó que cuando la presión era muy alta en el este y baja en el oeste, las lluvias monzónicas eran muy fuertes en India. Así mismo, cuando la diferencia de presión era pequeña, no se producían precipitaciones, lo que solía provocar sequías. Además, las investigaciones de Walker demostraron que las condiciones de sequía no sólo ocurrirían en Australia, Indonesia e India, sino también en partes del África Subsahariana y al mismo tiempo se darían inviernos más templados en Canadá. Dado que había determinado ciertas correlaciones entre los lapsos de tiempo de estas diferencias de presión en diferentes épocas del año, Walker también pensó que las mediciones se podían utilizar para realizar pronósticos a largo plazo para algunos lugares.
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Gilbert Thomas Walker. (Fotografía cedida por E. M. Rasmussen, Universidad de Maryland)
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A pesar de su perspicacia y visión, Walker no fue capaz de identificar los procesos físicos responsables de la Oscilación del sur. Durante las tres siguientes décadas, se dieron numerosos factores que desalentaron a los científicos a realizar una mayor investigación sobre este fenómeno. El más importante de estos factores fue que desde 1930 hasta 1950 las señales climatológicas asociadas a la Oscilación del sur y El Niño fueron mucho menos pronunciadas de lo que habían sido anteriormente, por lo que disminuyó el interés sobre este asunto. Posteriormente, en 1957, una serie de eventos relacionados con la política internacional, la ciencia y el clima hicieron resurgir el interés.
Ese año la antigua Unión Soviética lanzó el Sputnik, el primer satélite artificial, lo que hizo que el apoyo a todo tipo de investigación científica aumentara drásticamente en Occidente. Casualmente, ese año también marcó el comienzo de un nuevo fenómeno de El Niño de gran magnitud. Aunque se trató de un evento importante, podría haber pasado inadvertido de no ser por que 1957 había sido designado como Año internacional geofísico, un año en el que científicos de todos los países cooperan para mejorar los conocimientos existentes acerca de la tierra sólida, los océanos y la atmósfera. Como resultado, científicos de todo el mundo realizaron gran cantidad de mediciones del planeta. Entre los datos que se recopilaron no sólo había mediciones atmosféricas, sino también las temperaturas de la superficie del mar en todo el Pacífico, información que no había estado disponible en la época de Gilbert Walker. En la década de los 50, un grupo de investigadores observaron que las altas temperaturas de la superficie del mar en la costa de Perú parecían estar relacionadas con una pequeña diferencia en la presión del Pacífico tropical. De hecho, en 1959 los científicos de la Scripps Institution of Oceanography (Institución Scripps de oceanografía) reunieron a un grupo de científicos para discutir el fenómeno. Sin embargo, no fue hasta finales de la década de los 60 cuando el meteorólogo Jacob Bjerknes, de la Universidad de California en Los Ángeles, describió un mecanismo que relacionaba las observaciones de Walker acerca de la Oscilación del sur con El Niño.
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