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Conservación del milagro de la vista: el láser y la cirugía oftalmológica![]() La retina - el centro de la visión
Los conceptos que se podrían considerar modernos sobre el funcionamiento del ojo se originaron durante el Renacimiento, quizás en gran medida, gracias a los esfuerzos del gran astrónomo y físico alemán Johannes Kepler. Con cálculos y experimentos bastante sencillos, Kepler descubrió que la lente era solo un cuerpo refractante que trabaja junto con la córnea para curvar los rayos de luz que recibe y enfocarlos en la retina. En Ad Vitellionem Paralipomena, publicado en 1604, Kepler desarrollo nuevas teorías sobre la luz, sobre la fisiología de la visión y sobre la matemática de la refracción. Entre otras cosas, introdujo el término "enfocar", y demostró que la convergencia de los rayos de luz delante de la retina es la causa de la miopía, una condición en la cual los objetos distantes se ven como imágenes borrosas y los objetos cercanos se ven claros. En esta época ya se habían estado utilizando la gafas durante 400 años, pero hasta que se conoció a Kepler, que era miope o corto de vista, nadie comprendía por qué ni cómo las lentes artificiales mejoraban la vista. Durante los tres siglos siguientes, los médicos y anatomistas continuaron perfeccionando los conocimientos sobre el ojo y sus trastornos, y con el tiempo, llegaron a descubrir por qué una lesión en la retina era tan perjudicial para la visión. Para explicarlo de una forma sencilla, esta fina capa de células que cubre la parte posterior del ojo es semejante a la película de una cámara. Si la película está dañada, no se pueden captar imágenes, aunque el resto de la cámara funcione perfectamente. Esta "película" biológica en realidad es una extensión del tejido neural del propio cerebro. En el desarrollo inicial del embrión, el tubo neural, que es el que forma el cerebro y la médula espinal, crea dos vesículas ópticas, cada una de las cuales se dobla hacia dentro para convertirse en una copa óptica. El epitelio neural, una capa de células que hay en la pared interior de la copa óptica, con el tiempo se convierte en la retina. En el curso del desarrollo, las células de la pared interior pasan a ser las células de la retina necesarias para la visión, y las células de la pared exterior pasan a ser el epitelio de pigmentos que cubre la parte posterior del ojo. Lo que hace que la retina sea tan vulnerable es que prácticamente no existe ninguna adhesión entre estas dos capas de células. Excepto por algunos puntos de unión que hay alrededor del nervio óptico, la retina se mantiene en su lugar al apoyarse contra el epitelio de pigmentos, y la parte posterior del ojo únicamente por la presión de líquido del vítreo.
El ojo humano. (Adaptado de Lewis, Collier, y Heitkemper (eds.), Medical Surgical Nursing, 4ª ed. Copyright 1996 por Mosby, Inc.) Durante mucho tiempo nadie entendía por qué los desprendimientos de retina ocurrían de repente, es decir, sin haber sufrido por ejemplo, un golpe súbito. En 1918, Jules Gonin anunció a la Sociedad oftalmológica suiza que los desprendimientos de retina repentinos solían estar relacionados con un agujero en la retina. Tal y como los oftalmólogos descubrieron posteriormente, el líquido que se sale del vítreo a través de la laceración de la retina puede filtrarse entre la retina y el epitelio de pigmentos, haciendo que la retina se despegue de la pared posterior del ojo. Cuando esto sucede, se pierde la visión. Además, si la retina desprendida está separada durante mucho tiempo del epitelio de pigmentos, que es el que se encarga de proporcionar los nutrientes esenciales, las células neurales de la retina se morirán. En 1920, dos años después de su descubrimiento inicial, Gonin comunicó que había sido capaz de curar a algunos desprendimientos de retina mediante un tratamiento llamado "ignipuntura". Esta técnica consiste en la cauterización de la esclerótica (la capa exterior opaca del ojo) con un instrumento caliente, perforándola intencionadamente para que el líquido subretinal pueda salir. La operación tenía solamente un 53 por ciento de éxito y era extremadamente polémica. Con el tiempo se idearon otras técnicas para tratar los trastornos de la retina, pero los avances fueron lentos. Para realizar la diatermia, que consistía en aplicar a la retina una sonda eléctrica que generaba calor, aún había que rajar la pared del ojo. A medida que la incisión cicatrizaba, la pared tendía a encogerse significativamente. Hasta el la llegada de la crioterapia o congelación en los años 60 no surgió una técnica que podía tratar las laceraciones de la retina sin dañar áreas extensas de retina adyacente. Todos estos procedimientos, desarrollados para sellar las laceraciones de la retina a través de la coagulación o cicatrización de los tejidos retinales, eran dolorosos y arriesgados, y requerían períodos de recuperación largos. |
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