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Contenido
Primera Página
Ahora veo bien...
La retina – el centro de la visión
Mientras tanto, en el mundo de la física...
La potencia de la luz
Generación de luz con moléculas
Descubrimientos accidentales
La llegada del Argón
Adaptación del láser a las distintas tareas
Cronología
Créditos
  Conservación del milagro de la vista: el láser y la cirugía oftalmológica

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Descubrimientos accidentales

En un sentido quizás lo fueran, pero para el fotocoagulador de Zeiss tenían varias desventajas. Emitía luz a una escala amplia de longitudes de onda, de 400 a 1.600 nanómetros, un peligro potencial para el ojo. También su rayo de luz era ancho, creando lesiones de entre 500 y 1.000 micrómetros de diámetro, o casi del tamaño del extremo de un clip. Dado que el rayo ancho requería dilatación máxima de la pupila, muchas veces el tratamiento causaba dolor cuando el iris del paciente se contraía durante los 250 a 1.000 milisegundos necesarios para hacer la quemadura necesaria. El láser de rubí, por el contrario, producía luz a 694,3 nanómetros exactos, y su rayo era estrechamente direccional. Podía coagular un punto de la retina de incluso micrómetros, el diámetro aproximado de un pelo humano, y realizarlo entre 0,2 y 1,0 milisegundos, una disminución de tiempo sorprendente.

La luz visible, que comprende desde la luz violeta de longitud de onda corta a 400 nanómetros hasta la luz roja de longitud de onda larga a 700 nm, constituye solo una pequeña parte del espectro electromagnético, mostrado anteriormente en unidades de Ángstrom. El láser de rubí, el primero que se utilizó en sujetos humanos, usó un rayo de luz enfocado con precisión a 694,3 nm. El láser excimer ultravioleta, que se utiliza para cambiar la forma de la córnea para corregir la miopía, tiene una longitud de onda de solo 193 nm. (Reimpreso con la autorización de Van De Graaff, Human Anatomy [Anatomía humana], 5ª edición. Copyright 1998 por The McGraw-Hill Companies, Inc.)

Durante la mitad de la década siguiente hubo dos grupos, uno en cada costa de los Estados Unidos, que llevaron a cabo experimentos de suma importancia sobre el láser en oftalmología. En la costa Este, Charles Campbell del Instituto de Oftalmología en el Columbia-Presbyterian Medical Center en Manhattan (en el que se había recibido uno de los primeros fotocoaguladores de Zeiss en 1959), y Charles Koester, en la American Optical Corporation en Southbridge, Massachusetts. Antes del finales de 1960, Koester participó en la iniciación de un programa de investigación sobre la fotocoagulación por láser, y pronto introdujo a Campbell en el proyecto. En el otoño de 1961 los dos llevaron a cabo la primera aplicación terapéutica del láser en el ser humano, usando un prototipo de fotocoagulador de láser de rubí para acabar con un tumor de retina de un paciente.

El grupo de la costa Oeste estaba situado en la Universidad de Stanford. En 1955, Milton Flocks, un científico de la facultad clínica de Stanford, y Christian Zweng, miembro de la facultad de Stanford y oftalmólogo en la Palo Alto Medical Foundation [Fundación médica de Palo Alto], asistieron a una conferencia en la que Meyer-Schwickerath describió el fotocoagulador de Zeiss. Quedaron tan impresionados que solicitaron una beca de los National Institutes of Health [Institutos Nacionales de la Salud] para conseguir uno de los instrumentos cuando estuviesen disponibles en los Estados Unidos cuatro años después. Cuando Flocks y Zweng empezaron a interesarse por el uso del láser, colaboraron con el físico Narinder Kapany, que había fundado la Tecnología Óptica en 1960. El equipo de Stanford realizó su primera operación con láser en un ser humano en agosto de 1963; menos de un año después, en el congreso anual de la American Medical Association (AMA) [Asociación Médica Norteamericana] en junio de 1964, presentaron los resultados de los tratamientos con láser de rubí en 25 pacientes.

A ese congreso también asistió Milton Zaret, del New York Medical Center [Centro Médico de Nueva York], y estaba interesado principalmente en los efectos de la radiación en el ser humano. En 1961 había publicado uno de los primeros artículos científicos sobre el peligro potencial del láser en el ojo. Aunque también reconocía el potencial terapéutico del láser, Zaret expresó en el congreso su preocupación por el hecho de que los científicos no supieran los efectos a largo plazo del láser en el ser humano ni en los operadores que se exponían a su radiación reiteradamente. La comunidad médica tomó consciencia de estas advertencias y dedicó un gran esfuerzo durante los años siguientes a crear dispositivos de láser seguros diseñados específicamente para el uso médico.

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