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Contenido
Primera Página
Origen
Cómo el oído reconoce el sonido
Cuándo se pierde la audición
Se desarrolla la tecnología de los implantes cocleares
¿Qué le dice la cóclea al cerebro?
¿Qué sucede si el nervio auditivo está destruido?
Cómo trabajan las células pilosas
El oído interior produce sonido
Cuadro Marginal: Implantes cocleares y la cultura de los sordos
Cuadro Marginal: Las cinco causas principales de la pérdida de audición
Cronología
Créditos
  Sonido desde el silencio: el desarrollo de los implantes cocleares

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¿Qué le dice la cóclea al cerebro?

Otra corriente importante de investigaciones básicas que ha llevado al perfeccionamiento de los implantes cocleares fue la iniciada por Nelson Kiang, de la Universidad de Harvard, en 1965. Kiang analizó los impulsos que pasaban por el nervio auditivo en reacción al sonido y aprendió mucho sobre cómo se codifica la información del sonido en el nervio y en el cerebro. Por ejemplo, descubrió que cualquier fibra nerviosa produce un número proporcional de impulsos nerviosos en reacción a una frecuencia de sonido en aumento, aunque según un patrón aleatorio. Una sola fibra nerviosa puede producir impulsos solamente 200 a 300 veces por segundo como máximo. Pero el habla implica sonidos a frecuencias de hasta 4.000 hertzios (ciclos por segundo), y los humanos pueden escuchar frecuencias de hasta 20.000 hertzios. En conjunto, la naturaleza aleatoria de los impulsos nerviosos y su rango más alto debe significar que para codificar completamente una sola frecuencia sonora se debe necesitar un conjunto completo de fibras nerviosas, todas ellas sensibles al sonido en el mismo rango de frecuencias. Donald Eddington, de la Universidad de Utah, y Merzenich y su equipo han tratado de simular directamente estos patrones de reacciones distribuidas en su modelo de implante coclear.

Murray Sachs y Eric Young, de la Universidad Johns Hopkins, comenzaron a estudiar a mediados de los años 70 las reacciones del nervio auditivo a estímulos complejos tales como el habla. Determinaron que el cerebro no sólo analiza las distintas frecuencias, sino que utiliza de forma sofisticada los patrones temporales de los impulsos nerviosos. Este procesamiento sofisticado probablemente subyace en nuestra capacidad para distinguir una sola conversación en un cuarto ruidoso y localizar sonidos en tres dimensiones.

Estas observaciones aún se tienen que incorporar al diseño de los implantes cocleares, pero se ha adoptado una vía de investigación independiente. Blake Wilson, del Instituto Research Triangle de Carolina del Norte, observó que, debido a que la cóclea está llena de un fluido conductor, la estimulación de un electrodo en un implante coclear se propaga hacia las fibras de los nervios más allá de su destino deseado. Esto se denomina interferencia, y tiende a hacer que el sonido sea confuso y difícil de interpretar. Él pensó que el problema se podría disminuir si los electrodos del implante coclear se estimulasen secuencialmente en lugar de hacerlo simultáneamente. Cuando este plan, conocido como intercalación, se introdujo en los procesadores de habla externos que son parte de todos los implantes cocleares, aumentó significativamente la satisfacción de los portadores de implantes con los dispositivos (los implantes modernos contienen hasta 22 electrodos, ya que dos de los 24 canales observados por Zwicker y sus colegas en 1957 se consideran irrelevantes para la percepción del habla).

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