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Contenido
Primera Página
La hepatitis B: una enfermedad debilitadora
La búsqueda de pistas en la sangre
Una muestra de sangre decisiva
Una conclusión sorprendente
La revolución en el análisis de sangre
¿Y qué ocurrió con esas partículas?
Una vacuna para prevenir el cáncer de hígado
Desvelado el ABC de la hepatitis
Cronología
Créditos
  La historia de la hepatitis B

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¿Y qué ocurrió con esas partículas?

Las ventajas del descubrimiento del HBsAg/hepatitis B pronto se extendió más allá de la protección frente a la hepatitis B de las personas que recibían transfusiones de sangre hasta la protección de todas las personas frente a la enfermedad. A finales de los años 1960, Blumberg, que trabajaba en el centro Fox Chase Cancer Center (FCCC), junto con la inmunóloga y viróloga Barbara Werner, el microscopista electrónico Manfred Bayer y el biólogo molecular Lawrence Loeb, describieron mejor las pequeñas partículas aisladas de la sangre que había dado positivo para el HBsAg y las visualizaron con el microscopio electrónico. Algunas partículas eran virus completos; otras no contenían ningún ácido nucleico, el gen o los genes responsables de la infección y la enfermedad.

Varios experimentos demostraron que las partículas podían inducir a la protección inmunitaria. En 1971, el experto en enfermedades infecciosas Saul Krugman, de la Universidad de Nueva York, publicó un artículo sobre el descubrimiento accidental de que inyecciones de sangre contaminada con el virus de la hepatitis B que habían sido sometidas a temperaturas elevadas para matar los virus ofrecían cierta protección frente a la hepatitis B. Aunque las partículas sin ácido nucleico que había aislado Blumberg no podían causar la enfermedad, varios hallazgos sugerían que se podrían utilizar para estimular la inmunidad frente a los virus infecciosos. Okochi y sus colegas descubrieron que los pacientes que habían recibido transfusiones y cuya sangre contenía anticuerpos para el HBsAg tenían menos probabilidades de desarrollar hepatitis post-transfusión que los pacientes que no tenían el anticuerpo.

Blumberg e Irving Millman, que trabajaban en el FCCC, intrigados por la idea de que el HBsAg provoca una respuesta inmunológica que protege a las personas frente a la hepatitis B, propusieron la creación de una vacuna hecha con partículas de HBsAg obtenidas de la sangre de portadores de la hepatitis B. Este era un planteamiento inusual para el desarrollo de una vacuna. Antes de 1969, todas las vacunas se hacían de tres maneras. En un método se preparaban a partir de bacterias o virus completos muertos para evitar la infección. En otro método se preparaban a partir de cepas debilitadas de organismos patógenos que no provocaban síntomas o provocaban síntomas moderados al inyectarse como vacuna, pero que protegían a los receptores frente a cepas no modificadas más graves. También se hacían vacunas a partir de virus completos que, aunque no causaban la enfermedad por sí mismos, estaban muy relacionados con los virus que la causaban. Pero no se habían elaborado vacunas a partir de la sangre humana, utilizando sólo partes, o "subunidades", de virus humanos. El FCCC solicitó una patente para un método relacionado con este concepto en 1969.

Una micrografía electrónica del VHB muestra el virus de doble membrana en la sangre de una persona infectada. La membrana de la superficie exterior del virus contiene el antígeno de superficie de la hepatitis B (HBsAg), componente principal de la vacuna contra la hepatitis B. (Centros para el Control de Enfermedades)

Maurice Hilleman y sus colegas del Instituto Merck para la Investigación terapéutica reconocieron la importancia de la posibilidad de desarrollar un vacuna a partir de partículas, o subunidades, del virus. En 1971, Merck, donde varios científicos trabajaban independientemente en líneas relacionadas, obtuvo una licencia del FCCC y, tras muchos años de investigación y pruebas, desarrollaron una vacuna de subunidades de hepatitis B hechas a partir de HBsAg purificados de la sangre. En 1980, Wolf Szmuness, del Centro de Sangre de Nueva York, y sus colegas de Merck demostraron que la vacuna proporcionaba una protección superior al 90 por ciento frente a la hepatitis B y no tenía efectos secundarios adversos. En 1981 la vacuna derivada del suero estuvo disponible para uso general.

Siguiendo una línea independiente de investigación básica en animales, un grupo de científicos dirigido por Howard Bachrach en el Departamento de Agricultura de EE.UU. informó en 1981 de la primera vacuna de proteínas eficaz para su uso en animales o humanos. Su trabajo dio como resultado la primera vacuna viral de proteínas, contra la fiebre aftosa.

La producción de la vacuna de subunidades para la hepatitis B en grandes cantidades se vio obstaculizada por la necesidad de sangre de portadores de la hepatitis B, al darse cuenta de que dicha sangre podía estar contaminada con otros virus. Sumándose al interés por este problema, William Rutter y sus colegas de la Universidad de California-San Francisco obtuvieron de Merck en 1977 material que contenía el virus. Propusieron desarrollar una vacuna para la hepatitis B preparando partículas de HBsAg mediante tecnología recombinante. Este nuevo proceso garantizaría la ausencia de contaminación de otras fuentes y permitiría la producción de grandes cantidades de la vacuna.

El concepto de producción de una vacuna de esta forma era totalmente nuevo. Tras clonar el virus de la hepatitis B y obtener la secuencia genética del HBsAg, Rutter y sus colegas exploraron una gran variedad de sistemas biológicos distintos en los que producir las partículas utilizando técnicas de recombinación. No tuvieron éxito con las bacterias. Entonces, en 1980 y 1981, Rutter colaboró con Benjamin Hall y sus colegas de la Universidad de Washington, que habían desarrollado un sistema modelo utilizando células de levadura. Rutter y Hall produjeron con éxito partículas puras de HBsAg a partir de células de levadura modificadas genéticamente. Posteriormente, Rutter y sus colegas fundaron Chiron Corporation, en parte para desarrollar la vacuna del HBsAg mediante una relación contractual con Merck y también para desarrollar otros tratamientos médicos utilizando técnicas de recombinación. En Merck, Hilleman utilizó los HBsAg recombinantes derivados de la levadura, en lugar de antígenos derivados de plasma sanguíneo, para elaborar una versión mejorada de la vacuna contra la hepatitis B. Esta vacuna recombinante fue la primera de su tipo para su uso en humanos, y su uso generalizado fue autorizado por la Food and Drug Administration de EE.UU. en 1986, tras nueve años de investigación.

Estudios posteriores han revelado que la hepatitis B se puede transmitir de una persona a otra no sólo a través de la sangre, sino también por contacto sexual o de una madre portadora al recién nacido. Un importante estudio realizado en Taiwan por Palmer Beasley y sus colegas en 1975 demostró que casi dos terceras partes de los niños nacidos de madres positivas para el HBsAg se convertían a su vez en portadores del HBsAg. La vacuna contra la hepatitis B protege a las personas frente a todas las formas de transmisión. Como los recién nacidos y niños infectados con el virus de la hepatitis B tienen un riesgo muy elevado de convertirse en portadores durante toda su vida de la enfermedad, la vacunación universal de la población infantil contra la hepatitis B ha sido adoptada por más de 85 países, entre los que se incluyen los Estados Unidos.

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