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Contenido
Primera Página
El corazón y la presión arterial
Un medicamento explosivo
Interpretar los mensajes de las células
El descubrimiento de EDRF (factor de relajación derivado del endotelio)
EDRF y NO: una misma sustancia
Diversificación de las funciones del NO
Terapias futuras
Cronología
Créditos
  De los explosivos al gas terapéutico: el óxido nítrico en biología y medicina

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El corazón y la presión arterial

En la actualidad, es posible tratar las enfermedades circulatorias con mayor eficacia que en el siglo XIX ya que poseemos una gran cantidad de conocimientos acerca de la circulación de la sangre y los sistemas que controlan la dinámica de esa circulación. Sin embargo, existió una época en la que la mera idea de la circulación no se aceptaba. En el siglo II, el anatomista griego Galeno declaró correctamente que las arterias transportaban sangre y no aire; sin embargo, dejó atrás algunos conceptos erróneos en otras áreas, sugiriendo, por ejemplo, que el hígado era el órgano principal del sistema sanguíneo. Muchos de esos errores se corrigieron en De Motu Cordis (Acerca de los movimientos del corazón), un trabajo de gran importancia realizado por William Harvey y publicado en 1628. "¡Al igual que el rey es la autoridad principal y más alta del estado," declaró Harvey, "el corazón es el que rige todo el organismo!"

William Harvey (de pie) mostrando la estructura del corazón de un chivo al Rey Carlos I. (The Royal College of Physicians, Londres)

 

Sin embargo, una contribución aún más importante de De Motu Cordis fue la idea de Harvey de que la sangre circulaba. Para determinar la dirección del movimiento de la sangre hacia y desde el corazón, Harvey diseccionó y bloqueó una serie de vasos sanguíneos. Concluyó que un gran volumen de sangre salía del corazón hacia los tejidos. Esta cantidad de sangre no se generaba de nuevo en el corazón ni desaparecía como alimento en los tejidos, sino que debía fluir a los tejidos y, a continuación, volver al corazón formando un ciclo continuo.

Un siglo después, Stephen Hales, coadjutor en el pueblo inglés de Teddington, se dio cuenta de que el ciclo continuo de circulación de la sangre propuesto por Harvey variaba con el tiempo. En una serie de experimentos realizados con caballos, una oveja, una gama y varios perros, Hales definió el concepto de la presión arterial. Para su experimento principal, publicado en 1733, Hales insertó un pequeño tubo de latón en una de las arterias de una yegua y ajustó un tubo de cristal vertical de 9 pies (2,70 metros) de longitud al primer tubo. Debido a la presión de la circulación del caballo, la sangre subió por el tubo de cristal hasta una altura de 8 pies y 3 pulgadas (2,50 metros). Con los latidos (suponemos que rápidos) del corazón del caballo, la sangre ascendía y descendía de 2 a 4 pulgadas (de 5 a 10 centímetros). Hales advirtió que la presión máxima reflejaba el esfuerzo realizado por el corazón al contraerse, mientras que la presión mínima indicaba hasta qué punto los vasos sanguíneos del organismo resistían el flujo de sangre.

Representación de un artista del experimento del caballo de Hales donde la presión de la circulación del caballo hizo que la sangre subiera por el tubo de cristal. (Corbis - Bettman)

 

Hales también descubrió que si extraía sangre de los animales, la presión arterial disminuía. Sin embargo, ésta no era la única manera de alterar la presión arterial. Unos años antes, en 1727, un fisiólogo francés llamado Pourfois du Petit demostró que al cortar un nervio del cuello, uno de los vasos sanguíneos del ojo se dilataba; a éste le siguieron otros experimentos que demostraban la constricción de los vasos sanguíneos. A principios de los años 1800, los anatomistas averiguaron que los músculos lisos que se encuentran alrededor de los vasos sanguíneos se contraían o se relajaban en respuesta a las señales generadas por los distintos nervios, lo que hacía que los vasos sanguíneos se dilataran o contrajeran.

Gracias a las mejoras que se fueron incorporando durante el siglo XIX al aparato de cristal y latón de Hale, la medición de la presión arterial se convirtió en un proceso práctico. En 1854, el fisiólogo Karl von Vierordt de Tübingen, Alemania, se dio cuenta de que este mismo cálculo se podía realizar midiendo la cantidad de presión externa que era necesaria para detener el flujo sanguíneo. Vierordt diseñó un complejo sistema de pesas y palancas que, con el tiempo, dio lugar al tensiómetro. Tras varias mejoras, la versión moderna de este dispositivo se presentó en 1905, permitiendo a los médicos establecer una correlación entre la dilatación de los vasos sanguíneos y la disminución de la presión arterial. Aunque era evidente que el organismo mantenía un perfecto control sobre la presión arterial gracias, al menos en parte, a los nervios, existían aún algunos detalles de este proceso por descubrir.

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