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Contenido
Primera Página
El corazón y la presión arterial
Un medicamento explosivo
Interpretar los mensajes de las células
El descubrimiento de EDRF (factor de relajación derivado del endotelio)
EDRF y NO: una misma sustancia
Diversificación de las funciones del NO
Terapias futuras
Cronología
Créditos
  De los explosivos al gas terapéutico: el óxido nítrico en biología y medicina

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Un medicamento explosivo

Mientras que los avances en la comprensión del funcionamiento del sistema circulatorio siguieron un patrón más o menos lógico, no se puede decir lo mismo con respecto a la comprensión del tratamiento de la angina. A finales de los años 1700, varios médicos ingleses establecieron una correlación entre la angina que padecían una serie de enfermos vivos y la obstrucción de vasos sanguíneos que se detectó en las autopsias de esos mismos pacientes. A pesar de estos primeros hallazgos, fueron muchos los médicos de renombre de gran parte del siglo siguiente que relacionaron el dolor de pecho con la indigestión y trataron la angina con soda o yeso para aliviar la acidez estomacal. Ni siquiera la aceptación de que el corazón era el centro del problema ayudó mucho: en un artículo publicado en la edición del 27 de julio de 1867 del Lancet por T. Lauder Brunton, del hospital Royal Infirmary de Edimburgo, se catalogaba el coñac, el éter, el amoníaco y el cloroformo como posibles tratamientos de la angina. Según Brunton, en los pacientes tratados con cloroformo se detectó que el dolor desaparecía temporalmente, aunque éste volvía cuando los pacientes se recuperaban del "estupor parcial" producido por el cloroformo.

El verdadero descubrimiento de Brunton contenido en este artículo fue una sustancia conocida como nitrito de amilo que reducía tanto el dolor de angina como la presión arterial. Una serie de indicios le habían llevado a probar el nitrito de amilo. Ocho años antes, un químico, que había inhalado esta sustancia durante la realización de una serie de experimentos químicos rutinarios, informó que tras la inhalación había notado un enrojecimiento de la piel y que sus arterias y corazón latían con más fuerza. Brunton también sabía que el nitrito de amilo había conseguido dilatar los vasos sanguíneos del anca de una rana y que, de acuerdo con los experimentos de otros científicos, reducía la presión arterial en los humanos. Aunque Brunton iba bien encaminado, se equivocaba al creer que el nitrito de amilo actuaba relajando los vasos sanguíneos de todo el organismo. En realidad, el lugar en el que el nitrito de amilo ejerce su acción es en los vasos sanguíneos del corazón donde se ha producido un bloqueo.

Aunque el nitrito de amilo reduce los síntomas de la angina rápidamente, su efecto es de corta duración. En un intento por encontrar un tratamiento más seguro, los científicos comenzaron a analizar sustancias químicas relacionadas, entre las que se incluía la nitroglicerina. La nitroglicerina, inventada en 1846 por el químico italiano Ascanio Sobrero, era un líquido tan volátil que Sobrero, cuya cara quedó totalmente desfigurada por una explosión de nitroglicerina, pensó que era demasiado peligrosa para que fuese práctica. Sin embargo, en la década de los 60, Alfred Nobel encontró una manera para poder utilizarla con la suficiente seguridad en trabajos de construcción. Si se mezclaba la nitroglicerina con sílice, el líquido se convertía en una pasta que se podía modelar para su colocación en varillas explosivas. En 1867, Nobel patentó este material al que denominó dinamita. Doce años después, en 1879, William Murrell del Hospital de Westminster en Londres, Inglaterra, aprobó el uso de la nitroglicerina, diluida para evitar su explosión, como un remedio de mayor duración para la angina.

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