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Contenido
Primera Página
De los terremotos a la deriva continental
Indicios magnéticos
Conocimientos a través del océano
Del magnetismo y el tiempo
Placas en movimiento
Aplicación del conocimiento geofísico
La ventana a un nuevo mundo
Cronología
Créditos
  Cuando la tierra se mueve

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Indicios magnéticos

Costó encontrar una prueba para demostrar la teoría, pero a mediados de la década de 1950 las pistas comenzaron a acumularse en estudios acerca del magnetismo de las rocas. Patrick M. S. Blackett (que recibió el premio Nobel de física en 1948 por su trabajo sobre los rayos cósmicos y física nuclear), del Imperial College, Stanley Keith Runcorn, de la Universidad de Cambridge, y Edward Bullard, del National Physical Laboratory (Laboratorio nacional de física) de Inglaterra estudiaban el magnetismo de las rocas como parte de su investigación sobre la naturaleza del campo magnético de la Tierra. Los científicos sabían que una roca de la corteza terrestre de nueva formación dejaría una huella de la fuerza y la orientación del campo magnético de la Tierra en el momento de formación de la roca. Al intentar descubrir si el magnetismo de la roca variaba direccionalmente, Blackett, Runcorn, Bullard y sus estudiantes encontraron suficientes pruebas de que, a lo largo de la historia geológica, las rocas se han movido de alguna forma en relación a los polos magnéticos del planeta. Eran posibles dos interpretaciones: o los polos terrestres se habían movido en relación a los continentes o los continentes se habían movido en relación a los polos.

A mediados de la década de 1950, basándose en los datos paleomagnéticos recopilados por Edward Irving de la Universidad Nacional Australiana, en Canberra, Blackett, Runcorn y Bullard llegaron a la conclusión de que Wegener llevaba razón. Aparentemente, las rocas presentaban trayectorias polares totalmente distintas para los distintos continentes, trayectorias que coincidían con las posiciones de los continentes contempladas en la teoría de la deriva de Wegener.

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