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Contenido
Primera Página
De los terremotos a la deriva continental
Indicios magnéticos
Conocimientos a través del océano
Del magnetismo y el tiempo
Placas en movimiento
Aplicación del conocimiento geofísico
La ventana a un nuevo mundo
Cronología
Créditos
  Cuando la tierra se mueve

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Placas en movimiento

Ahora, los científicos poseen la clave para establecer una forma completamente nueva de comprender el planeta Tierra. Tuzo Wilson, en un intento de explicar las fallas del fondo marino, fue el primero en abordar las trascendentales implicaciones de la expansión del fondo oceánico.

En todos los puntos del globo, los investigadores han encontrado fallas, fracturas perpendiculares a las dorsales de expansión centro-oceánicas que atraviesan océanos completos y dividen las dorsales en segmentos. Cuando Wilson abordó la cuestión, prevalecía la interpretación de que las fallas constituían la evidencia de la división de la corteza oceánica de un extremo a otro. Se suponía que las dorsales se habían originado como unidades continuas que posteriormente se fragmentaron y desplazaron debido a la acción de las fallas. Wilson no estaba de acuerdo. Sí, las fallas eran la prueba de una división de la corteza, pero únicamente entre los segmentos de dorsales en expansión, unos segmentos que siempre habían estado desplazados. Este nuevo planteamiento sugería que la deformación activa se concentra en las dorsales y a lo largo de sus fallas de conexión, y que el resto de la corteza oceánica simplemente va a la deriva, sin divisiones. Wilson dio el nombre de "placas" a estas enormes masas de roca en movimiento. Posteriormente, propuso que la superficie de la Tierra estaba dividida en unas siete placas corticales grandes y varias de menor tamaño.

Las ideas de Wilson sobre las placas y las fallas oceánicas se pudieron comprobar con facilidad mediante el conjunto de datos de localización de un terremoto emergente y Lynn Sykes, del Lamont, fue muy rápido en realizar la comprobación. La teoría de Wilson superó la prueba con creces. Sykes descubrió que los terremotos oceánicos se concentraban a lo largo de las dorsales oceánicas y sus fallas de conexión, y que el interior de las "placas" oceánicas era prácticamente asísmico, sin actividad sísmica.

Los estudios realizados sobre los terremotos también supusieron un paso crucial para la comprensión de las zonas de subducción. En la década de 1940, Kiyoo Wadati, en Japón, y Hugo Benioff, del California Institute of Technology (Instituto tecnológico de California), observaron que los terremotos profundos se producían en un plano por debajo del fondo oceánico y se concentraban en áreas alrededor de los bordes de los océanos, cercanas a los volcanes terrestres. Los estudios llevados a cabo en la década de 1950 mostraron que estas áreas oceánicas también albergaban profundas fosas, mencionadas por Harry Hess en su modelo de expansión del fondo marino. Las profundas fosas y los terremotos relacionados con las mismas intrigaban a los sismólogos. Algunos de estos terremotos se producían en grandes profundidades del manto, donde las elevadas temperaturas deberían ablandar cualquier elemento rígido, de forma que las rocas en vez de ser tan sólidas y rígidas como para agrietarse con facilidad en los terremotos, deberían fluir.

Esta planteamiento cambió con el trabajo realizado por los investigadores de Lamont Jack Oliver, Bryan Isacks y Lynn Sykes, quienes examinaron la actividad sísmica de una fosa cercana a la isla de Tonga en el Pacífico Sur. En 1964 comenzaron a recopilar datos sísmicos para identificar el origen o foco subterráneo de los terremotos producidos allí. Al igual que Benioff y Wadati, observaron que los focos esbozaban un plano inclinado hacia abajo desde el fondo oceánico de alrededor de 45 grados. Pero el equipo de Lamont fue el primero en reconocer que este plano era un bloque de material descendente lo suficientemente frío y duro como para apoyar terremotos y que, además, el bloque que contenía el fondo marino, se estaba inclinando hacia la fosa, creando una zona sísmica. Determinaron que el bloque descendiente del fondo marino tenía un grosor considerable, de aproximadamente 60 millas (unos 100 kilómetros). No sólo se movía la superficie del fondo marino, ni la corteza sola, sino un bloque mucho más grueso. Parecía razonable aplicar a este bloque móvil el término que le dio Wilson: placa.

Casi al final de la década de 1960, Xavier Le Pichon, en Lamont, Dan McKenzie, en Scripps, y W. Jason Morgan, en la Universidad de Princeton, continuaron definiendo las formas de las placas contiguas y el modo en que se podía describir su ubicación y movimiento en el globo mediante la geometría esférica elemental, no sólo en el presente, sino también en el pasado y en el futuro. En un discurso pronunciado ante una convención de sus colegas en 1967, Tuzo Wilson declaró que la tectónica de placas y la expansión del fondo marino "podían ser de tanta importancia para la geología como el descubrimiento de la circulación de la sangre de Harvey lo fue para la fisiología o la evolución para la biología".

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