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Contenido
Primera Página
Buenas vibraciones
La navegación por sonido
Una zona de sombra acústica
Propagación del sonido en el océano
Un canal de sonido
Escuchando al océano
Examinando el interior del océano mediante sonido
Cronología
Créditos
  Sondear los secretos del océano

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Escuchando al océano

Una vez finalizada la Guerra Fría, la marina de los EE.UU. permitió a científicos civiles utilizar el sistema SOSUS para realizar investigaciones básicas, dándoles acceso a información que no hubieran podido obtener de otra forma. Los científicos ahora podían aplicar la acústica submarina para ampliar sus conocimientos sobre la geología y biología de las oscuras profundidades del océano. En 1990, Christopher Fox y sus colegas del Pacific Marine Environmental Laboratory formaban parte de la evaluación militar inicial de este uso conjunto por parte de civiles y militares del sistema SOSUS. Desde 1991, el equipo de Fox, que se encuentra trabajando en el proyecto VENTS, un estudio de los sistemas de ventilación hidrotérmica, ha utilizando el sistema SOSUS para precisar la ubicación de las erupciones volcánicas debajo del agua. Este estudio ha permitido a los científicos comprender mejor los fenómenos que ocurren a lo largo de las cadenas oceánicas, elevaciones en forma de montaña en las que el piso del océano está formado por rocas fundidas expulsadas desde la corteza terrestre. (Si desea obtener más información acerca de la expansión del piso del mar, consulte el artículo de Beyond Discovery "When the Earth Moves: Seafloor Spreading and Plate Tectonics".)

Cuando Fox y sus colegas escucharon las grabaciones de las erupciones submarinas, también escucharon otros ruidos submarinos, incluidas las vocalizaciones de las ballenas. Christopher Clark, un especialista en acústica biológica de la Universidad de Cornell, también descubrió que el sistema SOSUS se podía utilizar para escuchar a las ballenas cuando visitó por primera vez una estación de SOSUS en 1992. Cuando Clark observó las representaciones gráficas del sonido realizadas durante 24 horas al día, todos los días, detectó los patrones de las voces de las ballenas azules, rorcuales, "minke" y corcovadas. También pudo escuchar los sonidos. Con la ayuda de un receptor de SOSUS colocado en las Indias Occidentales, Clark pudo escuchar a ballenas que se encontraban a 1.770 kilómetros de distancia (1.100 millas).

Las ballenas son las criaturas más grandes de la Tierra. Por ejemplo, la ballena azul puede medir 100 pies (30 metros) de largo y pesar esa misma cantidad en toneladas. No obstante, estos animales son extraordinariamente escurridizos. Los científicos que desean observar en directo a las ballenas azules deben esperar en sus barcos hasta que las ballenas salgan a la superficie. De este modo, se ha realizado el seguimiento de varias ballenas en libertad, aunque no ha sido posible seguirlas durante una gran distancia, quedando muchos aspectos acerca de estas criaturas por conocer. Mediante las estaciones de SOSUS, los científicos pueden realizar un seguimiento de las ballenas en tiempo real, situándolas en un mapa. Además, estas estaciones permiten realizar un seguimiento de varias ballenas al mismo tiempo por todo el Atlántico Norte y el Pacífico Norte oriental. También pueden aprender a distinguir las llamadas de las ballenas. Por ejemplo, Fox y sus colegas han detectado cambios en las llamadas de las ballenas rorcuales durante las distintas estaciones y han descubierto que las ballenas azules de las diferentes regiones del océano Pacífico tienen llamadas diferentes.

Uno de los misterios más interesantes sobre las ballenas es cómo son capaces de encontrar el camino en distancias tan enormes. Christopher Clark estaba interesado en averiguar si las ballenas, al igual que los delfines y murciélagos, se guían por el eco. En lugar de hacer rebotar el sonido en objetos situados a unos cuantos metros de distancia, las ballenas envían su sonido corto y metálico a estructuras geológicas a cientos de kilómetros de distancia. La teoría de que las ballenas utilizan su propio sonido para orientarse se ha venido defendiendo desde hace algún tiempo; actualmente, los datos obtenidos tras el seguimiento realizado con el sistema SOSUS proporcionan una serie de evidencias de peso que permiten a Clark apoyar esta teoría. Al superponer el gráfico del seguimiento de una ballena realizado mediante el sistema SOSUS sobre un mapa del piso oceánico, observó que la ballena se había desplazado en zigzag de una montaña submarina a otra, separadas por cientos de kilómetros. Realizó comparaciones similares con otras ballenas y obtuvo los mismos resultados. Por todo esto, Clark defiende la hipótesis de que las ballenas utilizan el sonido no sólo para comunicarse, sino también para desplazarse, es decir, trazan el océano acústicamente para encontrar el camino.

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