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Contenido
Primera Página
El problema
Todo sobre el ozono
Explorando la atmósfera terrestre
La llegada de los CFC
La pérdida de ozono: sustancias químicas responsables
Aparece el agujero de ozono
Las pruebas se acumulan
El resultado: se ha evitado una posible catástrofe
Cronología
Créditos
  El fenómeno de la reducción del ozono

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Aparece el agujero de ozono

Como después se confirmaría, el problema del ozono resultó ser más grave de lo que Rowland y Molina podían haber imaginado. Las primeras señales que advertían que el problema podía ser más grave no aparecieron hasta finales de la década de 1970, aunque los estudios que dieron lugar a estas conclusiones tuvieron su origen en investigaciones realizadas casi un siglo antes.

En la década de 1880, W.N. Hartley descubrió que una extensa banda de luz ultravioleta alcanzaba la Tierra prácticamente sin obstáculos. La longitud de onda de esta banda, conocida como UV-A, es ligeramente más corta que la de la luz visible normal. La capa de ozono absorbe parte de otra banda ultravioleta, conocida como UV-B, antes de que ésta pueda alcanzar la Tierra. Durante los años 20, G.M.B. Dobson logró medir la proporción de UV-A presente en la luz solar entrante en relación con la proporción de UV-B. De esta manera, determinó por primera vez la cantidad total de ozono presente en la atmósfera.

Dobson esperaba que su estudio diera lugar a un nuevo método de predicción meteorológica. Sin embargo, empezó a interesarse por las variaciones estacionales de las concentraciones de ozono. Uno de los instrumentos que desarrolló, el espectrómetro de Dobson, se ha convertido en el estándar para la monitorización del ozono desde tierra.

El rápido desarrollo de nuevas herramientas científicas tras la segunda Guerra Mundial, muchas de ellas basadas en instrumentos bélicos, hizo que surgieran nuevos estudios de las ciencias de la tierra. En 1957 y 1958, esto dio lugar a un esfuerzo científico a nivel mundial conocido como Año geofísico internacional o IGY (del inglés International Geophysical Year). El IGY motivó que se empezaran a realizar en todo el mundo gran cantidad de investigaciones acerca de los océanos, la atmósfera y zonas del planeta aún sin explorar.

Al monitorizar los niveles de ozono en la región del Polo Sur, los investigadores descubrieron que eran sistemáticamente alrededor de un 35% más altos a finales de la primavera que en invierno. La monitorización anual mostró el mismo patrón estacional durante los últimos años de la década de 1970.

 

Pérdida de ozono sobre el Polo Sur en 1995 (en verde) comparada con la pérdida de ozono registrada en 1993 (en rojo). La línea azul muestra los valores existentes antes de que comenzara la destrucción de la capa de ozono. Fuente: National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA).

Pero, en 1978 y 1979, los científicos británicos descubrieron algo diferente. En octubre, mes en el que empieza la primavera en el hemisferio sur, los investigadores detectaron una menor cantidad de ozono de la que se había detectado durante los últimos 20 años. Durante los años siguientes, los niveles de ozono registrados en octubre siguieron disminuyendo.

En 1984, cuando los británicos informaron por primera vez acerca de sus alarmantes descubrimientos, los niveles de ozono registrados en octubre eran alrededor de un 35% más bajos con respecto a la media de los niveles de los años 60. El satélite norteamericano Nimbus-7 confirmó rápidamente estos resultados y el término agujero de ozono antártico pasó a formar parte del idioma común.

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