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Tratamiento de la leucemia infantil![]() La investigación médica sistemática Los dos fármacos que sirvieron para curar a Debbie Brown en 1954 ya estaban establecidos. Pero, para la mayoría de los pacientes y médicos, esto sólo era el principio. Mediante la combinación de metrotexato y 6-MP, la esperanza de vida media en los casos leucemia infantil había aumentado de sólo 3 meses a 1 año. Durante la mayor parte de este tiempo, la enfermedad remitía y los niños no presentaban signos externos de la enfermedad. Al principio de estos estudios, los científicos, médicos y pacientes tenían la esperanza de que los niños se hubieran curado de forma permanente. Pero, de forma casi inevitable, el cáncer volvió a aparecer. Y ésta vez solía presentar mayor resistencia a los fármacos empleados la primera vez. El tratamiento médico de este período estuvo marcado por el gran éxito obtenido con los antibióticos. Todos confiaban en la aparición de un "proyectil mágico", un solo fármaco capaz de eliminar todos los signos de la enfermedad. De forma gradual, investigadores y médicos observaron que ningún fármaco sería suficiente por sí solo para tratar la leucemia infantil. Tendrían que realizar pruebas clínicas más precisas para determinar con exactitud la combinación, dosis y frecuencia de los fármacos con las que se obtendrían mejores resultados. El centro de la siguiente etapa fue el NSI (National Cancer Institute, Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos) de Bethesda, Maryland, fundado en 1953. En una extraordinaria confluencia de talentos y nombres famosos, Emil Frei III y Emil J. Freireich se unieron en 1955 al NCI para dirigir los ensayos con fármacos para tratar la leucemia. El conciliador Frei y el polémico Freireich colaboraron con su jefe, C. Gordon Zubrod, para modernizar los ensayos realizados con quimioterapia. Antes de su trabajo, los ensayos con fármacos solían resultar inconcluyentes y anecdóticos. El primer paso de los doctores del NCI fue definir la "remisión." En vez de realizar mediciones imprecisas del bienestar del paciente, los doctores optaron por calcular el número de células afectadas por la leucemia presentes en muestras de médula ósea. A continuación, llevaron a cabo experimentos en los que todos los pacientes recibían el mismo programa de tratamiento. Otros médicos creían que el tratamiento de cada uno de los pacientes debía ser personalizado, pero los resultados obtenidos en cualquier estudio con este planteamiento siempre serían confusos. Además, Frei y Freireich crearon el concepto del estudio a doble ciego, un estudio en el que ni los pacientes ni los médicos saben qué tratamiento recibe cada uno. Esto era fundamental para evitar que influyera el hecho de que el médico o el paciente pensaran que un tratamiento determinado sería más eficaz. En uno de los primeros ensayos, los médicos del NCI demostraron que al realizar transfusiones de plaquetas a los pacientes se podía evitar que se produjesen hemorragias graves. De esta forma, los pacientes se mantenían vivos el tiempo suficiente para beneficiarse de los fármacos nuevos, fármacos obtenidos a partir de una gran variedad de recursos, incluidas las plantas. Gracias a los nuevos fármacos se consiguieron remisiones de forma casi rutinaria. Aún así, el cáncer volvería aparecer en la mayoría de los casos. ¿Qué necesitaban hacer los médicos para acabar con el cáncer de una vez por todas? Frank Schabel y Howard Skipper, que trabajaban en el Southern Research Institute [Instituto de Investigación del Sur], utilizaron ratones para demostrar que una sola célula afectada de leucemia era suficiente para desencadenar un proceso mortal. De este modo quedaba definido el objetivo: erradicar hasta la última célula afectada por la leucemia. Por esta razón, los médicos continuaron aplicando quimioterapia aún cuando parecía que todos los signos de la enfermedad habían desaparecido. Y el modelo matemático de Schabel y Skipper sobre el crecimiento de las células proporcionó a los médicos una estimación sobre la frecuencia, la dureza y la duración con las que tendrían que combatir el cáncer. Como se sabía que varios de los fármacos presentaban efectos secundarios distintos, que no se sobreponían, los doctores dieron otro paso esencial: comenzaron a utilizar nuevas combinaciones de fármacos, atacando a las células cancerosas desde varias direcciones a la vez. El paso final para convertir las remisiones en curas fue la identificación del cerebro y la médula espinal como importantes refugios de células cancerosas. Debido a que el sistema nervioso central es independiente de la sangre y, por tanto, está protegido frente a toxinas y enfermedades procedentes de la sangre, los fármacos para combatir la leucemia no llegaban hasta estas zonas. Por esta razón, los médicos comenzaron inyectar los fármacos directamente en la médula espinal y a dirigir la radiación específicamente a la cabeza. La combinación de estos tratamientos y los fármacos más recientes han aumentado el índice de cura de la leucemia infantil hasta casi un 80%. Pero los fármacos utilizados para mantener las remisiones siguen siendo el metrotexato y la 6-MP. |
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