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De los explosivos al gas terapéutico: el óxido nítrico en biología y medicina![]() Diversificación de las funciones del NO La teoría de que el EDRF y el NO eran la misma sustancia fue respaldada por los descubrimientos realizados al mismo tiempo por otros grupos de investigación a principios de los años 80. Por ejemplo, en 1981, Ignarro descubrió que el NO evitaba que las células sanguíneas llamadas plaquetas se agruparan formando un coágulo. Por lo tanto, el NO evitaba que los vasos sanguíneos se bloquearan de dos formas distintas: dilatando el vaso sanguíneo e impidiendo cualquier proceso de coagulación. El descubrimiento de una segunda reacción al NO hizo menos probable que el primero (relajación de vasos sanguíneos) fuera sólo una casualidad. La teoría de que el NO es un mensajero biológico y no sólo una sustancia química frente a la que el organismo reacciona, se vio fortalecida por un descubrimiento realizado ese mismo año por Steven Tannenbaum del Massachusetts Institute of Technology (MIT) en Cambridge. Él y sus colegas descubrieron que los ratones a los que se les había purgado de bacterias intestinales (que pueden producir sustancias químicas relacionadas con NO) todavía producían y excretaban nitrato (NO3-), un producto excrementicio lógico si el organismo está produciendo NO. En un trabajo anterior, Tannenbaum había demostrado que los niveles de nitrato en orina en humanos aumentaban drásticamente cuando existía una infección. Por su parte, Michael Marletta, que por aquel entonces trabajaba en MIT, descubrió en 1985 que las células inmunes llamadas macrófagos producían nitrato cuando se enfrentaban a una molécula tóxica de una bacteria. Un análisis más profundo realizado por Marletta y John Hibbs en la Universidad de Utah demostró que los macrófagos estaban produciendo NO, lo que ayudaba a matar cualquier bacteria invasora antes de que se descompusiera rápidamente para formar nitrito (NO2-) y nitrato. Finalmente, en 1988, John Garthwaite de la Universidad de Liverpool, Inglaterra, descubrió que una molécula mensajera del cerebro llamada glutamato provocaba que las células de los nervios liberaran una sustancia química que guardaba sorprendentes similitudes con el EDRF. La sustancia química, que resultó ser NO, provocaba que las células próximas liberaran sus propios mensajeros nerviosos con múltiples y distintos efectos. Poco a poco fueron desapareciendo las objeciones a la función asignada al NO. El gas se producía en las células en cantidades tan pequeñas y se descomponía tan rápido que no resultaba tóxico; al ser las concentraciones tan bajas, el NO no reaccionaba para formar el dióxido de nitrógeno tóxico. De hecho, algunas de las características del NO lo convertían en una sustancia extremadamente útil para actuar como mensajero. Dado que el NO se mueve fácilmente de las células endoteliales a las células musculares de destino y dado que se descompone rápidamente, el sistema de relajación del organismo puede reaccionar rápidamente a un entorno en continuo cambio. Sin embargo, para entender completamente cómo cambiaba el sistema, los científicos aún tenían que encontrar la proteína que producía el NO. Un primer indicio se podía encontrar en un trabajo anterior realizado por Hibbs y Marletta, que se encontraban por entonces en la Universidad de Michigan, en el que demostraban que los macrófagos producían nitrito y nitrato a partir del aminoácido l-arginina. En 1988, Moncada completó el círculo al demostrar que los vasos sanguíneos producían NO a partir de la l-arginina. Ahora el objetivo era aislar la enzima proteica que convertía a la l-arginina en NO. En 1990, David Bredt y Solomon Snyder de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, Maryland, fueron los primeros en extraer una muestra activa pura de la versión de la proteína producida en el cerebro, llamada sintetasa de óxido nítrico del cerebro (bNOS o NOS-1). Al año siguiente clonaron el gen que codificaba a la bNOS. Otros científicos investigaron proteínas relacionadas que también podían producir NO, incluidas una versión de las células endoteliales que revisten los vasos sanguíneos (eNOS o NOS-3) y otra que se activa o genera en los macrófagos en caso de infección (iNOS o NOS-2). La importancia del NO era evidente para todos. |
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