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Las comunicaciones modernas: la revolución del láser y la fibra óptica![]() Los sistemas prácticos toman forma Pese a todo, hacía falta algo más que una buena fibra para construir sistemas de comunicaciones de nivel comercial. Los láseres, que necesitaban tener una vida útil de hasta 1.000.000 de horas, todavía no eran muy fiables y fallaban tras unas cuantas horas de funcionamiento. Además, aún no existía ninguna forma económica de producir láseres fiables en las cantidades que se necesitarían. Para sortear estas necesidades, se demostró que era posible dejar a un lado el uso de láseres. Un tipo de dispositivo más simple era el diodo emisor de luz o LED (del inglés Light-Emitting Diode), parecido a las luces indicadoras rojas y verdes de un radiocassette o un vídeo. Los LEDS demostraron que eran adecuados para transmitir un número limitado de llamadas telefónicas a lo largo de distancias moderadas, pero carecían de la eficacia y de la capacidad necesarias para los servicios de larga distancia y transoceánico. Una vez más, era necesario recurrir al trabajo del laboratorio de investigación. Al mismo tiempo que Panish y Hayashi estaban realizando sus trabajos innovadores en cristales multicapa, dos de sus colegas de los Laboratorios Bell, J.R. Arthur y A.Y. Cho, idearon un método diferente de desarrollo de cristales, llamado epitaxia de rayo molecular o MBE (del inglés Molecular-Beam Epitaxy). "Epitaxia" es el desarrollo de cristales de un mineral sobre la superficie de los cristales de otro mineral y el método MBE era tan preciso que permitía colocar una capa de material semiconductor de espesor medido en átomos. Al reducir los electrones y la luz que emitían, esta capa extremadamente fina demostró su gran eficacia para generar la actividad del láser a la vez que se utilizaba menos corriente eléctrica, y lo que era aún mejor, los nuevos dispositivos de MBE consiguieron tener una vida útil de 1.000.000 de horas. Recurriendo a la comprensión básica de la formación de cristales desarrollada en la década anterior por científicos de la Universidad de Bristol y de los Laboratorios Bell, las investigaciones de diferentes métodos de producción y diferentes compuestos de semiconductores continuaron durante los años 70 y en los años 80. En 1975, la tecnología de láser estaba suficientemente desarrollada para permitir que se realizaran pruebas de funcionamiento en las principales ciudades. Desde sus orígenes en la física cuántica teórica de Albert Einstein, la comunicación de fibra óptica se controlaba actualmente en las cuestiones prácticas de producción, instalación y reparación. Los ingenieros estaban especialmente preocupados por la reparación: el empalme de las fibras ópticas rotas sería una tarea semejante a cortar un pelo del cabello y luego colocarlo de nuevo en el mismo sitio. La primera prueba se realizó en AT&T en Atlanta en 1976. Los equipos de trabajo instalaron dos cables de fibra óptica, cada uno de los cuales medía 2.100 pies (630 metros) de largo y contenía 144 fibras, tirando de ellos a través de conductos subterráneos estándar, para lo que se requería que los cables pudieran sortear curvas cerradas. Para alivio de todos, no se rompió ninguna fibra durante la instalación, ni las curvas cerradas degradaron su rendimiento. El servicio comercial comenzó al año siguiente en Chicago, donde un sistema de fibra óptica transportaba voz, datos y señales de vídeo a través de 1,5 millas (2,4 km) de cables subterráneos que conectaban dos oficinas de conmutación de la compañía telefónica de Illinois Bell Telephone Company. |
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